Sueca Expres Café, una empresa  ilusionante

Micalet se pasó varias semanas escribiéndose por whatsapp con María. De vez en cuando se llamaban por teléfono y se veían todos los sábados en la cafetería.

A veces, tras “mensajearse”, tomaba un montón de notas en su tablet. Otras, y sobre todo cuando hablaba, se ponía colorado y tras colgar se quedaba ensimismado, en otro mundo. De hecho, su hermana, le decía que estaba “empanao”.

La verdad es que yo estaba intrigadísimo con tanto trajín,  la curiosidad me consumía.

Al final contagié a Blanca y a Laura, mi mujer. Todos estábamos deseosos de saber que pasaba. Laura pensaba que lo que Micalet se traía entre manos era algo sobre el café. Blanca decía que no, que Micalet se había enamorado y estaba en ello. Y yo, no sabía que pensar.

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